MATE stuff :)

  Un matecito para todos los que llegaron hasta acá!.    

 

Que decirles del mate ? . Alguien como yo, “mate fueled” 100%?.  Puse una frase en el site oficial de mateway que resume mi opinión sobre el mismo:

     

 

Cuando la gente se reune a tomar mate, algo mágico sucede.  Ciertamente.

Porque el mate es bueno para compartir, para la salud, para el intercambio, ‘keeps you going’ (como siempre me decia Kevin),  y es mucho mas que una bebida para mi -como para muchos-,  y si, un sí­mbolo de la cultura de los paí­ses que lo consumen.  Si uno le hace caso a todo lo que se ha escrito por ahi respecto del mate, Popeye  fue un bobo dedicandose a la espinaca! ;-)  seguramente esto fue porque nadie lo avivó de las bondades de nuestra infusión.

Mis comentarios / recomendaciones de una hoy eximia (wow!) matera pero que le costó mucho darse cuenta cual era la posta para cebar buenos mates (un agradecimiento especial para mi amigo uruguayo Eduardo Font De Bon!) son las siguientes:

  1. La temperatura del agua es importantisima! (mas de 90 grados pueden ser terribles!, la yerba se siente agredida por el agua muy caliente y suelta de golpe el sabor que deberia ir entregando gradualmente en cada cebada, por eso se lava enseguida y tiene gusto mucho mas fuerte cuando se cebo muy caliente).
  2. Es cierto que el gusto de la yerba es completamente distinto según la marca. Pero una GRAN diferencia existe entre la yerba argentina (mas amarga y con palo) y la de Uruguay (mas suave y despalada).  Yo tomo mate con yerba argentina durante el dia y al desayuno especialmente. Luego, cuando salgo con mi matera y mate a cuestas llevo yerba uruguaya que es mas aguantadora para cebadas mas largas o compartidas.
  3. Y si se olvidan de humedecer la yerba con un chorrito de agua fria, antes de uno con agua caliente, esperar que se hinche  bien la yerba y finalmente meter la bombilla… no les va a salir bien, se les lava la yerba,  estoy convencida. :)

nota:  el cuidado del mate dicen que es bastante equivalente al que se tiene para curar y cuidar llas ‘pipas’, tiene que secarse muy bien,  y usarse solo cuando esta bien seco para que no altere el sabor de la yerba ni tome feo gusto el recipiente.

Un relato que transmite fielmente lo que simboliza el mate para sus consumidores:

 La existencia del alma en el Caio

El Zacarí­as y yo tomamos mate. Siempre. A cualquier hora. Las veces que estuvimos a punto de separarnos, las veces que llegó un hijo nuevo a casa, cuando lo echaron del trabajo, cuando Argentina salió campeón del mundo, cuando se cayeron las torres gemelas. Cuando murió mamá… Entre el Zacarí­as y yo hubo dí­as sin besos a la mañana, semanas sin dirigirnos la palabra, meses enteros sin juntar los pelos, años larguí­simos sin un peso en el bolsillo. Pero no hubo nunca en nuestro matrimonio un solo dí­a sin que él o yo nos sentáramos en silencio a tomar mate.

El mate no es una bebida, corazones de otro barrio. Bueno, sí­. Es un lí­quido y entra por la boca. Pero no es una bebida. En este paí­s nadie toma mate porque tenga sed. Es más bien una costumbre, como rascarse. El mate es exactamente lo contrario que la televisión. Te hace conversar si estás con alguien, y te hace pensar cuando estás sola. Cuando llega alguien a tu casa la primera frase es “hola” y la segunda “¿unos mates?”.

Esto pasa en todas las casas. En la de los ricos y en la de los pobres. Pasa entre mujeres charlatanas y chismosas, y pasa entre hombres serios o inmaduros. Pasa entre los viejos de un geriátrico y entre los adolescentes mientras estudian o se drogan. Es lo único que comparten los padres y los hijos sin discutir ni echarse en cara. Peronistas y radicales ceban mate sin preguntar. En verano y en invierno. Es lo único en lo que nos parecemos las ví­ctimas y los verdugos. Los buenos y los hijos de puta.

Cuando tenés un hijo, le empezás a dar mate cuando te pide. El Caio empezó a pedir a los cinco. La Sofi a los nueve. El Nacho a los tres. Se lo das tibiecito, con mucha azúcar, y se sienten grandes. Sentí­s un orgullo enorme cuando un esquenuncito de tu sangre empieza a chupar mate. Se te sale el corazón del cuerpo. Después ellos, con los años, elegirán si tomarlo amargo, dulce, muy caliente, tereré, con cáscara de naranja, con yuyos, con un chorrito de limón.

Cuando conocés a alguien por primera vez, te tomás unos mates. La gente pregunta, cuando no hay confianza:

¿Dulce o amargo?

El otro responde:

Como tomes vos.

Yo les escribo siempre a ustedes con el mate al lado del teclado. Leo los comments con el mate al lado. Los teclados de Argentina y Uruguay tienen las letras llenas de yerba. La yerba es lo único que hay siempre, en todas las casas. Siempre. Con inflación, con hambre, con militares, con democracia, con cualquiera de nuestras pestes y maldiciones eternas. Y si un dí­a no hay yerba, un vecino tiene y te da. La yerba no se le niega a nadie. Ni a la vieja Monforte.

Escribo esto por algo. Hoy llegamos todos de la calle y el Caio estaba tomando mate solo. Nunca antes habí­a tomado mate solo. Siempre con el Chileno Calesita, o con la hermana, o con nosotros. Solo jamás.

í‰ste es el único paí­s del mundo en donde la decisión de dejar de ser un chico y empezar a ser un hombre ocurre un dí­a en particular. Nada de pantalones largos, circuncisión, universidad o vivir lejos de los padres. Acá empezamos a ser grandes el dí­a que tenemos la necesidad de tomar por primera vez unos mates, solos. No es casualidad. No es porque sí­. El dí­a que un chico pone la pava al fuego y toma su primer mate sin que haya nadie en casa, en ese minuto, es porque ha descubierto que tiene alma. O está muerto de miedo, o está muerto de amor, o algo: pero no es un dí­a cualquiera.

El Caio no sabe qué carajo le pasa. No va a recordar este dí­a. Ninguno de nosotros nos acordamos del dí­a en que tomamos por primera vez un mate solos. Pero debe haber sido un dí­a importante para cada uno. Por adentro hay revoluciones. Yo no me acuerdo de mi dí­a. Zacarí­as tampoco. Nadie se acuerda. Pero hoy el Caio empezó a tomar mate solo. Hoy, 8 de enero del 2004, a la madrugada. Su padre y yo, escondidos en el pasillo, empezamos a mirarlo con respeto. 

 De: Diario de Una Mujer Gorda, de Hernán Casciari  Ubicación original del post: http://mujergorda.bitacoras.com/archives/000131.html 

spinach is for babys por Mauri Bidegain

 

 

 

 

 

 

+ sobre el mate:

 el sindicato del mate  :  El Sindicato Único del Mate es una organización sindical de cebadores y tomadores de mate profesionales vinculados al diseño gráfico. Fue fundado el 10 de junio del 2005 en Montevideo, Uruguay. Y tiene un montooon de afiches pintorescos sobre el tema ‘mate’. 

 (valga como ejemplo el que me capture para el header de este blog -un agradecimiento especial para el autor:  Sool Lorieto-  idem la m solitaria).

mateway agency logo

 

 

Aunque vive en Barcelona hace varios años, Pritama es argentina. Desde su casa en Gracia, evoca su gusto por el mate en el texto que sigue:

El mate desde lejos

Como suele pasar, recién empecé a comprender lo que el mate significaba para mí­ la primera vez que sentí­ su ausencia. Estaba viajando por Asia y ya habí­a pasado seis meses sin tomar un sólo amargo. Interrogaba con esperanzas a cada argentino o uruguayo que me cruzaba por el camino, y aunque a todos se les hací­a agua la boca y suspiraban nostálgicos, nadie llevaba mate en su mochila.

Sin embargo, una tarde conoci a un hombre belga en una isla al sur de Tailandia que me aseguró que su amiga era argentina, de Córdoba y que sí­, que estaba todo el dí­a con esa asquerosa bebida y que tení­a un paquete gigante lleno de “esa hierba”, pero que recí­en volverí­a en cuatro dí­as.
Como quien espera a un amigo muy querido, el tiempo se me hizo eterno, y cuando el dí­a llegó y la cordobesa entre risas puso a calentar el agua y darme palmaditas en el hombro, comprendiendo mi emoción… supe por fin que el mate era mucho más que una bebida para mi.
Hace más de ocho años que vivo fuera de Argentina y todaví­a el mate sigue siendo parte fundamental de mi vida.
Y no es nacionalismo, ni fanatismo, ni embanderar una filosofí­a.

En la distancia, el mate es como volver a casa. Es el sabor de lo familiar, es la mano amiga que aunque me sienta sola, siempre me acompaña.
Cuando tomo mate con algún amigo del Cono Sur, inmediatamente se genera una complicidad que ninguna otra bebida podrí­a lograr. Ni una charla de café, ni una ronda de cervezas, ni una meditada ceremonia del té en toda su regla.

El mate es intimista, da calor, tiene un aura de unión. Cada vez son más los amigos y conocidos que se aficionan al mate en este lado del mundo, atraí­dos por el ritual de compartir, de dar y recibir, de ser parte de una sutil comunidad.
El regusto de su sabor en mi lengua activa la memoria de todo lo que soy, ahoga la nostalgia, reconforta mis horas de exilio e hidrata y alimenta mi sudamericanidad.

Desde lejos, el mate se transforma en orgullo. Su personalidad es tan fuerte, que devuelve dignidad. “Quizás allá, en Argentina, la gente no tenga mucho, pero siempre hay un mate para compartir”, se me escapa a veces con voz gaucha.
Lejos de mi tierra, el mate recobra su espí­ritu sagrado. Y lo tomo como si bebiera sorbos de mi propia esencia, sintiéndome por un rato en casa, y completa.

Publicado por Carolina Reymúndez | 4 de Marzo de 2009
ubicacion original del post: www.viajeslibres.com

 

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